Desarrollo

 
Por fuera no se parecería, claro. La escuela establecida en los 40 era un colegio rural. Hoy es una institución de educación superior en forma. Y sigue creciendo.

No hay de otra para el árbol que sigue compartiendo oleadas de buenas cosas. Crecer es una suerte de consigna de este organismos vivo. Y ahora no me refiero a los edificios, las decenas de aulas, canchas, andadores, salas, auditorios, recursos didácticos. Me refiero a su gente, la que está, la que estuvo. O sea, la herencia.

Aunque es moda y no hay quien no crea en la educación en valores, es precisamente con lo que comenzó esta historia, con un puñado de docentes que creían en transmitir valores, lo que hace que la gente sea, ¿cómo lo diré? humana, ni más ni menos.

Desde temprano descubrimos que abrir esa brecha excedía las fuerzas de cualquiera, que educar la mente, el alma y el corazón requiere trabajo de equipo. Es muy obvio el apoyo de las familias, porque, como siempre hemos creído, el proyecto educativo es un proyecto familiar. La Universidad de Montemorelos se convierte en el hogar de muchos, al que vuelven los hijos y los nietos de quienes pasamos por aquí.

¿Por qué volvemos? Porque funcionó. Porque nos fuimos con un diploma bajo el brazo y con el alma brillosa. No que seamos buenos, sino que aprendemos que podemos serlo. Especialmente cuando nos brindamos a los demás y prestamos las manos para construir los sueños del prójimo. Servicio le llaman. También podríamos llamarle entrega.

Eso te ata a la red, que se multiplica y se aprieta.

Por eso te digo que es un esfuerzo enorme, que no descansa en pocos hombros. Hacen falta muchos y aún queda espacio para más.

Son ciclos. Edificamos, le sacamos jugo al presente y agregamos nuestra cuota a la herencia. Pero el descanso nos dura poco; recuperamos fuerza y vamos para delante de nuevo. Te cuento, por ejemplo, que acabamos la renovación de todos nuestros planes de estudio, con miras a afinar una oferta educativa más acorde con los tiempos y las necesidades de la sociedad. Son propuestas modernas y atrevidas, la verdad.

Sin embargo, ese impulso académico para lanzarnos a nuevas alturas demanda también nuevos espacios. Te imaginarás que es un reto enorme darle una imagen fresca y funcional a una planta que ha servido lo justo. Pero, los pioneros no se asustaron al ver las tierras largas y anchas llenas de naranjales, ni les quitó el sueño ni los desanimó. Nosotros no tenemos pretexto y nos lanzamos también a nuevas alturas.

Y vaya que tenemos proyectos interesantes. ¿ Te gustaría conocer los proyectos que están próximos?. Quién sabe, a lo mejor te entusiasma y se te antoja poner el hombro también, para que la carga sea más ligera para todos y la sombra del árbol se extienda más. Echa un vistazo…

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